Parece mentira pero el mundo del parto es un terreno bastante abrupto en el que hay dos bandos fieramente enfrentados: por un lado hay un grupo de mujeres que defienden acérrimamente el parto natural, preferentemente en casa, y rechazan categóricamente acercarse a un hospital durante esos momentos. Por otro lado el otro grupo de mujeres acusa al primer grupo de poner en peligro la vida del bebé y/o la de ellas mismas y sostienen que el parto de debe realizar con una gran monitorización del niño y que salvo en contadas excepciones los partos suelen requerir de una serie de procedimientos médicos. Sinceramente no quiero meterme en ese debate ya que mi objetivo más bien pasa por la preocupación tanto por mi pareja como por el bebé, y para comprender mejor lo que quiero decir nada como explicar de dónde viene toda esta aventura.

Todo comenzó una bonita mañana cuando me dio por comprar una de estas revistas sobre embarazo y bebés. Cuando llegué a casa le eché un vistazo rápido al índice por si veía algún artículo interesante y me llamó la atención uno que hablaba sobre el miedo al parto. En él una psicóloga formulaba toda una teoría sobre los temores que realmente tienen las mujeres frente al parto. Lógicamente si le preguntamos a cualquier mujer qué es lo que más teme del parto seguramente nos conteste que el dolor. Todos tenemos miedo al dolor, es parte de nuestro instinto de supervivencia y trabajar contra él normalmente es una tarea difícil. Sin embargo la psicóloga propone algo interesante: dado que el cuerpo de la mujer está diseñadas naturalmente para parir, la psicología de la mujer también, y bajo una apariencia inicial de miedo al dolor se esconde algo un poco más simple pero que hoy en día hemos vuelto complicado.

Pongamos un ejemplo práctico. Llega el gran día en que la mujer se pone de parto y los futuros padres se van al hospital. Una vez ingresada, la mujer es trasladada a una habitación donde automáticamente le ponen una vía y toda una serie de instrumental para comprobar en todo momento las constantes del bebé. Con tanto cable y tanta historia la mujer no tiene más remedio que quedarse tumbada en la cama mientras va dilatando. Posteriormente es trasladada al paritorio, una sala fría en la que olvidaron llamar a un decorador cuando fue montada, y la ponen en un incómodo potro. Durante todo este trance la pareja suele estar rodeada de un equipo de profesionales a los que no conoce demasiado y que van administrándote mediación y practicando toda una serie de procedimientos sin ser informados de en qué consiste ni ni para qué lo hacen. La mayoría de las veces esto ocurre sin que los padres sean informados, llegando dicha información a posteriori o siendo informados pero sin capacidad de participación. Esta situación suele crear bastante tensión a la pareja que no sabe ni controla exactamente qué está ocurriendo, si los procedimientos no necesarios o no y qué implican. Entonces comienza a surgir la tensión y las preguntas: ¿me estará atendiendo un buen equipo? ¿puedo confiar en ell@s? Si antes los partos eran sin médicos… ¿Es que algo va mal? ¿Me están contando todo lo que tendría que saber? Si unimos todo este estrés al que ya genera el parto, la situación se va de las manos. Otro problema también surge cuando hay que recurrir a procedimientos más drásticos como una cesárea. Normalmente en ese momento el padre es alejado de la madre sistemáticamente y ésta se queda sola en un quirófano en el que no ve nada y nadie le dice nada. Al final el parto se ha convertido en una experiencia traumática que es mejor encerrar en un cajón.

La psicóloga comentaba entonces que el verdadero miedo de la mujer es sentirse desamparada en el parto por este tipo de situaciones. La chica sostiene que el parto se convierte en muchas ocasiones en un procedimiento altamente medicalizado en el que reina la desinformación a los padres y en el que la prioridad es únicamente que el bebé nazca cuanto antes para evitar riesgos y, en consecuencia, denuncias, y que el bienestar y las necesidades de la madre quedan aparcados a un lado. Añade que la clave para mejorar la experiencia del parto pasa por rodearse de un equipo médico en el que la pareja pueda confirmar, de forma que en todo momento estén seguros de que lo que se hace es lo mejor tanto para la madre como para el bebé.

Todo este relato nos dejó con una cierta inquietud y despertó nuestra curiosidad, así que nos embarcamos en una investigación en toda regla para descubrir qué había de verdad todo esto.